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“El Peso de la Noche” (Del ensayo de Alfredo Jocelyn – Holt)

Por María Marcela García Ruiz – 2004

Resulta difícil escribir un ensayo sobre un ensayo cuyo autor,  Alfredo Jocelyn – Holt, es un historiador doctorado en Oxford, que ha hecho de la historia de Chile, un mundo mítico en el cual constantemente se aventura a descubrir sus raíces y su pasado bajo el prisma de un estilo personal crítico, corrosivo e incluso a veces contradictorio.

Debo ser honesta al decir que tuve que releer en varias ocasiones algunos fragmentos de los distintos capítulos de esta obra. También debí hacer parte de mi existencia, mientras leía, el diccionario de  español con el fin de buscar alguna  nueva acepción de reconocidas y habituales palabras que pudieran distorsionar el sentido que quiso darle Jocelyn – Holt al texto. En la “batalla” librada con la idea del autor y su singular estilo de exponerla, determiné que a pesar de mi minúsculo conocimiento y no vasta experiencia -más bien observadora-, sí estoy de acuerdo con éste en varias cosas puntuales que menciona.

En esta, mi humilde posición de estudiante de periodismo, sin conocimientos acabados en lo que a historia de Chile se refiere, no más que aquellos recibidos en el colegio, en la familia, en institutos y universidades, me siento con una actitud atrevida, casi imprudente al “plantarme” frente a este intelectual y pretender dar mi opinión en acuerdo o desacuerdo con su obra “El peso de la noche”.

Mientras leo el texto, consciente del objetivo que debo alcanzar -escribir un ensayo sobre el mismo-, no puedo dejar de cuestionarme cuales serán mis fundamentos para rebatir, en  caso de no opinar igual, la idea del autor de cómo se planteó el orden en nuestro país a partir del s.  XIX… ¿Cómo argumentar con propiedad sobre la persona de Portales en su labor como ministro y su singular personalidad?. Deduzco que no es una tarea fácil y, luego de pensar largamente en ello, concluyo que o hay otra forma de enfrentar este desafío más que asumiendo mi “educada ignorancia” sobre este mundo mítico y situándome como un simple mortal que intentará extrapolar el contenido de este libro a su diario y cotidiano existir.

… ¡Aquí voy…!!!

El peso de la noche  (Del ensayo)

Es cierto que en la mayoría de los textos de historia de Chile, por lo menos  en aquellos diseñados con fines docentes, se nos muestra un Chile del s. XIX pujante, sólido, presto para alcanzar la independencia, y proporcionarse a sí mismo un Estado de derecho y orden. También es cierto que las guerras y batallas emprendidas contra Perú y Bolivia son preseas dignas de reconocimiento y ovación perpetua en nuestra historia, cuyos protagonistas se nos muestran como mártires y héroes de la nación. Asimismo, tenemos nuestras plazas llenas de bustos y monumentos, calles e instituciones nombradas en memoria de miles de personajes que gracias a sus obras -materiales, intelectuales, culturales, entre otras- cumplieron un papel destacado en épocas pasadas.

Es innegable, sea cual sea la tendencia del texto, sea cual sea la data de su edición, que los autores nos presentan un país pos Independencia, estable, cultural, desarrollado y casi privilegiado con respecto a la situación existente en el resto de América Latina.

Debo confesar que yo estaba conforme con esta visión de la historia del país y que jamás se me pasó por la cabeza que pudiera haber alguna otra interpretación de los hechos. Pero luego de leer “El peso de la noche”, asumo que me quedó cierta sensación que aquella imperativa “fortaleza histórica” no es tal y goza de un buen porcentaje de fragilidad, lo que a mi juicio no la hace menos meritoria de nuestro respeto y orgullo.

Ante el planteamiento clásico de que el Chile sel s. XIX era un país exitoso capaz de organizarse en torno a un Estado fuerte y consolidado gracias a la Constitución de 1833, es válido cuestionarse si realmente esto fue así, ya que haciendo un breve repaso de los acontecimientos de la época, me doy cuenta que hasta cerca de 1860 no fue el orden precisamente lo que primó: dos guerras civiles, constantes regímenes de emergencia y el asesinato de Portales, hacen más bien de ésta, un periodo de poca estabilidad donde emerge el Parlamento como eje central de la política, convirtiéndose en el instrumento de la élite tradicional para alcanzar sus fines y mantener una postura privilegiada, cada vez más distante de la clase popular.

El Estado era un aparato distante, el cual no contaba con los recursos para dictar leyes y fiscalizar, por lo cual el orden logrado se basó en la estructura social y no en el aparato propiamente estatal.

En este marco, es justamente ese el concepto implícito en el total del libro: el ORDEN. Los cinco ensayos que componen esta obra, apuntan a dar una explicación de cómo fue concebido éste en Chile y sugieren que no fue a través del aparato estatal -Poder Ejecutivo-. Más bien, fue concebido, en una primera instancia, en torno a una clase social  la élite  tradicional, la cual determinó en su actuar las esferas de cultura y nación.

La Constitución de 1833, no tenía la fuerza para organizar el país, de allí que Diego Portales, un comerciante proveniente de una familia de la élite, de personalidad fuerte e independiente, que ejerciera ministerios autoritarios  -Relaciones Exteriores, Guerra  y Marina entre 1830 y 1831-, pues estaba convencido que mediante la fuerza era posible mantener el orden. No obstante, esta idea de este singular hombre, escéptico a las instituciones y leyes, pero capaz de reconocerlas y “subyugarse” en ciertos aspectos a ellas, planteó que el orden del cual gozaba el país no era gracias a una presencia reconocida del poder ejecutivo -Estado-, sino más bien, gracias a “la tendencia general de la masa al reposo”. Fue a este reposo al que él  denominó “El peso de la noche”.

 Gracias a la falta de hombres “sutiles, hábiles y cosquillosos” es que se contaba con orden de índole social eficaz, el cual, si no hubiera tenido que recurrir a medidas racionales, es decir, lograr otro tipo de orden basado en lo legal e institucional.

De lo anterior, Jocelyn –  Holt, plantea que lo que reconoció aquel republicano – liberal, gestor de la guerra contra la Confederación Peruana – Boliviana, como orden fue un cuasi – orden. Al hablar  de El peso de la noche, pensó en el hecho de que en la noche no gobiernan ni el Estado ni la sociedad, a lo más impera la quietud, por ende, el orden del que disfrutaba en ese entonces, era por inercia, por falta de desorden y n por normativa, lo que para él era negativo, pues su postura para lograr un orden total estaba en el poder. De allí, que cayera en el autoritarismo que lo llevó a fracasar.

Podría seguir con una larga enumeración de hechos para contextualizar mi apreciación, pero creo que en lo anterior está lo esencial,  Con esta descripción nos queda claro el clima y marco histórico en que se plantea la idea de orden, según el autor, y de cómo se logró a través de la constante transacción con la fuerza. Por eso que al comienzo se nos describa una escena de soldados regresando de una batalla vitoreados por el pueblo; de pactos con bandoleros para mantenerse libres de ataques; del Cerro Santa Lucía como una línea divisora entre el mundo civilizado y el bárbaro. Tres imágenes que extrapoladas a la realidad de la época aquí descrita, son fiel testimonio de ella.

En mi humilde opinión, creo estar de acuerdo con el autor en algunas cosas. Por ejemplo: sí creo que esta forma de lograr el orden a través de manifestaciones de fuerzas y de poder es una transversal en nuestra historia hasta la fecha actual -pienso en los gobiernos  de Arturo Alessandri Palma, en el de Salvador Allende, el el golpe de estado del ’73 y el posterior Gobierno de la “Junta”-.  Y eso me subyuga a la imagen de diego Portales al sugerir que el orden total debe hacerse en torno al poder. Tal vez, sí es cierto que nuestro país ha sido pobre en poder generar un orden que no se someta a acciones coactivas, de violencia, de fuerza desmedida, calificadas de sensatas única y exclusivamente porque de una u otra forma han logrado asegurar periodos de cierta estabilidad en el país.

El desmenuzamiento que hace Alfredo Jocelyn – Holt de esta realidad, pone inevitablemente en tela de juicio nuestro supuesto destino de “jaguar”. Quizás, según mi visión, en los últimos gobiernos, donde ha primado el diálogo y la buena convivencia y, aparentemente, escapan a esta transacción de fuerza y de poder por orden. Sin embargo, creo que hay situaciones que podrían apuntar a lo contrario… Los inconclusos casos de Esval y la construcción del colector de Valparaíso, las drogas en el Congreso, el fraude de Codelco, y otros tantos más actuales que está e más nombrar; por otra parte, la continua presión y “censura” a la prensa por denunciar conductas ilícitas de personajes públicos -recuerdo el caso del Juez Jordán, denunciado en un libro cuya autora debió salir del país para escapar de la “ley” en pleno gobierno democrático; el otro juez y el asunto de los saunas, donde periodistas fueron detenidos por denunciar, en fin…- ¿No se podría calificar como una manifestación de fuerza y de poder del Ejecutivo, Legislativo y Judicial en sus esfuerzos por mantener el orden? -visto que si se hubiera determinado culpables, el escándalo hubiera sido mayor-, ¿No podría asemejarse a las medidas represivas impuestas en el gobierno de la Junta?. Si pensamos en la imponente imagen del cerro Santa Lucía que separó a los civilizados –la élite- de los bárbaros –la clase popular-, donde los primeros gozaban de privilegios y ejercían poder, y los segundos no tenían ni voz ni voto, al entrar en una comparación, ¿No resulta válido pensar que exista cierta “clase” de hombres públicos que no pueden ser “tocados”, aunque sus delitos gocen de igual o peor gravedad que los cometidos por el más vil de los delincuentes comunes condenados a la cárcel?.

Definitivamente, pareciera que el planteamiento de Jocelyn – Holt no está lejos de la realidad. Donde decidamos intervenir la historia para un análisis mas profundo,  nos encontraremos con semejanzas innegables. Mas, cabe destacar, que no obstante dicha conjetura, no dejo de sentir un profundo respeto -por algunos más, por otros menos, por otros nada… Debo ser franca- del cómo Chile en la mayoría de las veces, ha enfrentado y salvado los distintos conflictos y adversidades que le ha tocado vivir como país.

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